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No tenemos ni voz ni voto en el escenario de nuestro destino.
Cuando observaba por televisión los fuegos de artificio que iluminaban la bulliciosa noche de Caracas por el triunfo del presidente venezolano Hugo Chávez en el referendo del domingo, pensaba en qué ajenos estamos a los peligros que se ciernen sobre la humanidad por la irresponsabilidad de las grandes potencias.
Sin recuperarnos aún del absurdo choque de un satélite estadounidense y otro ruso el martes pasado sobre Siberia, nos llegó la noticia de que en trágica competencia, es posible que "para no perder protagonismo", el HMS Vanguard, un submarino británico de la clase Trident colisionó en las profundidades del océano Atlántico con el sumergible francés Le Triomphant, ambos portadores de misiles atómicos.
La noticia fue ocultada, inicialmente, por el Ministerio de Defensa de Francia que se limitó a informar el 6 de febrero que un submarino nuclear había chocado "contra un objeto sumergido", probablemente un contenedor, cuando regresaba de un patrullaje.
Ante el inusitado y peligroso hecho Kate Hudson, presidenta de la Campaña para el Desarme Nuclear de Gran Bretaña, declaró que "Se trata de una pesadilla nuclear de la mayor importancia". "La colisión de dos submarinos, ambos con reactores nucleares y armas atómicas a bordo, podría haber liberado grandes cantidades de radiación y diseminado decenas de ojivas nucleares en el lecho marino", afirmó.
El submarino británico que forma parte de los cuatro que posee el Reino Unido transportaba, al igual que sus pares, hasta 16 misiles Trident armados con bombas atómicas.
A estos enormes peligros se suma, entre otros, la terca decisión del Gobierno estadounidense de instalar los componentes del escudo antimisil (DAM) en Europa en detrimento de la seguridad de Rusia, según declaró el mismo domingo el Canciller del país euroasiático, Serguei Lavrov.
En una entrevista concedida al canal ruso de televisión TV Centro, Lavrov afirmó que: "Hemos repetido a nivel de expertos y por canales directos a la contraparte norteamericana nuestra más profunda convicción de que el escudo no tiene nada que ver con el problema nuclear iraní".
Como es de amplio conocimiento, este fue el pretexto utilizado por la administración republicana para insistir en su movida militar estratégica en el Viejo Continente y que al parecer no ha sido desechada por el gobierno de Barack Obama.
Pero, el problema no atañe sólo a los riesgos que amenazan a la antigua nación de los zares, sino que incrementa los peligros de un estallido nuclear sin limitaciones de fronteras.
Lo indignante es que los poderosos juegan con el futuro de la humanidad en absoluto desconocimiento de sus intereses vitales.
¿Por qué no participa la ONU en una decisión de esta naturaleza, cuando le exige a Irán que renuncie a su plan del uso pacífico de la energía nuclear so amenaza de nuevas sanciones?
Los problemas de la paz y la guerra son en la actualidad patrimonio de un reducido grupo de países que, como Zeus, disponen del dominio del trueno.
En esta parte del mundo las naciones firmantes del Tratado de Tlatelolco, en explícito compromiso de renuncia a la posesión del arma atómica, dependemos de otros gobiernos que podrían disponer -consciente o accidentalmente- en qué trágico día y como pasivos espectadores asistiríamos al intercambio de misiles entre las grandes potencias para poner fin a la civilización.
Entretanto, hay que salir a la calle con la mirada en las alturas.
Desde Texas se han producido numerosos reportes respecto a objetos que han descendido como bólidos sobre el territorio.
El sábado la Fuerza Aérea estadounidense, ante la sospecha que podría estar relacionado con el impacto entre el satélite estadounidense Iridium y el satélite militar ruso inactivo Cosmos, notificó a los pilotos que debían estar atentos ante el potencial peligro de los desechos.
Después de la puesta en órbita del Sputnik, en 1957, se han lanzado unos 30,000 objetos al espacio y más de un millón de objetos orbitan alrededor de la Tierra, entre satélites y "chatarra" espacial.
Como suele decirse: hay una noticia mala y una buena. La mala es que según los científicos los escombros procedentes de la colisión entre los satélites girarán alrededor de la Tierra por 10,000 años. La buena, es que no estaremos aquí para verlo. |